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ciencia

Química de primer semestre de licenciatura

Advertencia: si cuento mis peripecias no es para que alguien siga mi ejemplo. Mucho menos si el ejemplo pudiera ser peligroso.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana … ejem … espérenme, retomando tema:

Acabo de encontrar en ofertísima, por solamente 5.99 dólares canadienses, el libro “remarkable creatures” de Sean B. Carrol. A este cuate lo conocí durante unas conferencias en Cold Spring Harbor Laboratories. Como que a los vecinos de los laboratorios les gana la curiosidad y tienen la costumbre de invitar a investigadores que estén en conferencias en CSHL a cenar. Heme ahí invitado por una calurosa pareja de latinoamericanos, argentinos, uno de ellos un arquitecto. Bueno, Sean fue invitado también. El cuate es un magnífico conversador, así que cuando ví el libro me dije a mi mismo, mi mismo, como que este libro ha de estar bien chingón. Así que caí en la doble trampa del buen conversador y la ofertota, además de un 20% de descuento, y no me decepcionó. Bueno, la cosa es que en ese libro leí sobre las loqueras de experimentos que hizo Humbolt sobre sí mismo, y bueno, se me vino a la memoria una de mis primeras experiencias de laboratorio de química en la sacrosanta Universidad Autónoma de Guadalajara en un llano.

Mi equipo de trabajo en el laboratorio consistía de yo mérito, Margarita (alias “La Tatcher”), y una excelente señora de cuyo nombre, para mi vergüenza, no puedo acordarme. El experimento consistía en preparar un par de soluciones, una de ácido clorhídrico y otra de hidróxido de sodio. había que anotar si al hacer las soluciones se enfriaba el vaso, o se calentaba. Luego había que mezclar una cantidad definida de ambas soluciones, y, de nuevo, anotar si la mezcla de calentaba o enfriaba, y decidir si la reacción era endotérmica o exotérmica. No se me escapó que las cantidades mezcladas eran equimolares (tenían la misma cantidad de moléculas de acido clorhídrico y de hidróxido de sodio). Las instrucciones venían en una copia fotostática mal encuadrada, y que no se veía bien, y, al parecer, le faltaban una o dos páginas. Al final había que evaporar el líquido de la mezcla, pero no había ninguna otra instrucción después de tal evento. Una vez evaporado el líquido, quedaron unos cristalinos en el vaso de precipitados y la varilla de vidrio que usábamos para mezclar. Heme ahí perplejo (dije “perplejo,” no se me confundan). Mientras cavilaba, algo en mi cabeza me indicaba que esto lo había leído antes. Ácido, base, mezclados, neutralización, ¿Sal? Ahí detrás en mi memoria una instrucción faltante que de pronto se leía como “pruebe el precipitado,” de algún modo y sin pensarlo trato de obedecer esa instrucción, pero la buena señora me quitó la varilla de vidrio justo antes de que alcanzara a probarlo. Traté de explicar, pero cuando una buena señora se empeña en protegernos, no queda más remedio que escucharla y callar. Al final callé.

Sean felices,

–El SuperGabo

Acerca de gabo

Computational Biologist

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